ROMA, ITALIA. “La piernas me temblaban al sentirme tan diminuto frente a ese peregrino que recorrió millones de kilómetros por amor…”
Hace un año atrás tuve la oportunidad de ser invitado a pasar unos días en Europa por una prima que vive allí, a lo que me dije "¿por qué no?"
Así fue que empecé a ahorrar para realizar tan inmenso viaje. Y por supuesto que mi primer deseo fue "si voy a Europa, no puedo dejar de visitar la tierra de mi Padre Don Bosco". Mi fecha para viajar era del 24 de marzo al 4 de mayo (tenía regreso desde Roma). Unos 15 días antes de viajar, visité a mi familia y amigos en Santa Fe y una noche de compartir en casa de unos amigos me enteré que mi fecha coincidía con la beatificación de Juan Pablo II. Desde ese momento sentí que fue una gracia de Dios el darme la oportunidad de vivir y sentir esa celebración, esa fiesta de la Iglesia Católica. Un regalo para poder dar testimonio y alabanzas por tan gran Ejemplo de Vida.
Llegué a Roma y emprendí camino hacia el Vaticano. Quería sentir estar en esa Basílica del Primer Sucesor de Cristo, San Pedro. Y llegué… había mucha gente, había mucho movimiento, había mucha fe.
Me sentía emocionado, viviendo algo que no creía. Pero sin pensarlo, estaba feliz. No lo podía creer, era algo que me constaba describir.
El sábado 30 de abril estuve en la noche de Vigilia de preparación para la beatificación de Juan Pablo II, donde se hizo presente el mundo entero, no sólo por las 200 mil personas que había en el Circo Máximo Romano sino porque también se rezaron los Misterios de la Luz del Santo Rosario en conexión directa con cinco santuarios marianos, precedidos por vídeos de los mensajes y homilías de Juan Pablo II ligados a las intenciones de oración. En el santuario Lagiewniki, en Cracovia, la intención fue la juventud; en el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania), la familia; en el santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa (Líbano), la evangelización; en la basílica de Santa María de Guadalupe de Ciudad de México, la esperanza y la paz de las naciones; en el Santuario de Fátima en Portugal, la Iglesia. Esa noche se hizo presente también la Hermana Marie Simon-Pierre, curada de la enfermedad de Parkinson por intercesión del Papa Juan Pablo II.
Esa noche, el Papa Benedicto XVI nos regaló un vídeo de Juan Pablo II: en uno de sus últimos días, donde ya no podía hablar, desde la ventana papal del Vaticano se asomó este Santo y solamente pronunció con mucho esfuerzo una palabra a toda la multitud que estaba en la plaza… GRACIAS.
Y llegó el domingo
La fiesta se vivía desde las 4 de la madrugada, esperando tan importante momento para proclamar Beato al Papa Viajero, el Papa de los Jóvenes, el Papa de la Paz.
Era inmensa la cantidad de fieles que se acercaban para compartir la Eucaristía y la Oración. Fue una misa hermosa, vivida en comunidad con más de 100 idiomas pero unidos por una misma causa. Luego de la misma, se expuso el féretro de Juan Pablo II, donde después de dos horas de hacer fila para entrar a la Basílica pude estar frente a él.
“La piernas me temblaban al sentirme tan diminuto frente a ese peregrino que recorrió millones de kilómetros por amor. Dando ejemplo y regalando vida a todos. Me pasaron muchas cosas que nunca había sentido y en especial reconocí que mi misión no había terminado. Ese momento me invitaba a seguir haciendo camino y ayudando a que otros también lo encuentren. Traje a mi corazón a toda mi familia, a mis amigos y a las intenciones de cada uno de ellos, pero en especial le presenté como lo había hecho con Don Bosco, el trabajo de cada uno de nuestros jóvenes del MJS de nuestro país, pidiendo especial oración por ellos”.
Le agradezco a Dios por tan inmenso Regalo, por darme la gracia de haber vivido allí todo ese momento de santidad.
Les dejo un mensaje hermoso que en su primer Eucaristía como Papa, Juan Pablo II pronunció y fue ejemplo en todo su papado: “¡No tengáis miedo! Abrid, más aún, ¡abrid de par en par las puertas a Cristo!”




