Quisiera compartirles una experiencia llena de fe e inolvidable vivido hace unos días atrás.
Como hace ya varios años, se realizó la novena Peregrinación en Bicicleta desde el Pueblo de San José (Misiones) hasta el Santuario-Basílica de Nuestra Señora de Itatí (Corrientes).
La peregrinación partió el día martes 6 de diciembre a las 0 hs desde el centro del Pueblo de San José. Estuvieron presentes los familiares y amigos de los ciclistas peregrinos para realizar una emotiva despedida.
Contamos con el apoyo de la Gendaremía Nacional, quienes nos acompañaron con motos y camionetas hasta el cruce de la ruta 14 con la 38. De ahí en adelante fue siempre nuestro apoyo el camión de la Escuela Pascual Gentilini, conducido por uno de sus empleados.
El total de peregrinos fue de 30. En el cruce de la ruta 38 con la 12, se hizo una pausa y se aprovechó para desayunar y reponer energías. Alrededor del mediodía se llegó a la localidad de Villa Olivari (Corrientes) donde se hizo el almuerzo y posteriormente una buena siesta, para luego continuar camino hasta Ita Ibaté donde paramos a cenar y descansar un poco. Alrededor de las 4 de la mañana retomamos el camino para finalmente llegar a Itatí a las 12:15 del mediodía. Fuimos recibidos por el sacerdote de la Basílica, quien agradeció, felicitó y bendijo a cada uno de los peregrinos mientras ingresaabn con sus bicicletas. Participamos luego de la Eucaristía de las 19 hs y de uno de los momentos más emotivos como fue el saludo a María de Itatí a las 0 hs.
Al día siguiente estuvimos presentes en la Misa del peregrino a las 9 hs. Visitamos y llevamos donaciones al Cottolengo de Don Orione ubicado en esa localidad. Después del almuerzo regresamos a San José, donde fuimos recibidos por toda la comunidad en la Misa de María Inmaculada en el cruce de rutas 14 y 105. Luego, en bicicleta se hizo el ingreso al pueblo con la Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Iatí, finalizando la peregrinación en la plazoleta donde permanece la imagen durante todo el año.
Toda la Peregrinación fue una demostración de fe, cariño y afecto de hijos hacia nuestra Madre del cielo, las mochilas del corazón cargadas de intenciones hicieron más llevadero el andar, sobre todo en los momentos de más cansancio y sacrificio. Fue también una experiencia grupal muy enriquecedora en donde el compartir fue muy particular porque la mayoría de las veces se dio arriba de la bicicleta, mientras se pedaleaba.
En los pies de la Virgencita de Itatí quedaron todas las intenciones llevadas. En cada uno de nuestros corazones quedó la alegría, el gozo de lo compartido y por sobre todo la bendición, la compañía y el amor de nuestra querida Madre del cielo.





