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Convivencia de fin de año MJS Pío X

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Más de 30 chicos y algunos familiares compartieron esta convivenciaCÓRDOBA. El día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción de María, un grupo de más de 30 jóvenes integrantes del Movimiento Juvenil Salesiano del colegio Pío X más dos chicos del grupo de Exploradores del Batallón Nº 59 de Río Tercero y la compañía de familiares de algunos de ellos, se reunió para despedir el año organizando una convivencia de cuatro días en el Valle de la Inmaculada Concepción, en la localidad de Salsipuedes.

Sin señal telefónica y dejando atrás las comodidades de la ciudad y su frenesí, estos jóvenes le dieron la bienvenida a unos días de descanso y recreación en comunidad, siempre de la mano de Cristo.

Luego de acomodarse y dividir el trabajo de los días venideros, hubo un momento de oración con el rezo del Rosario en el que los distintos jóvenes aportaron en cada cuenta la intención de su Ave María. Intenciones como la unidad de la familia, la vocación de cada uno y los jóvenes que no descubrieron a Cristo aún, fueron las más recurrentes. Esa misma noche los chicos escalaron el monte del Ave hasta llegar a una estatua de María Auxiliadora. Una vez allí compartieron un hermoso encuentro: las Buenas Noches al mejor estilo de Don Bosco.

Los días siguientes los chicos prepararon su convivencia y con ella su corazón. Cada mañana amaneció con un saludo de Buenos Días y cada ocaso se despidió con unas Buenas Noches, ambos momentos preparados por los jóvenes y para los jóvenes.

Las actividades de servicio se organizaron por patrullas. En cada ocasión de trabajo todos de una manera tan natural, casi inconsciente, se preocupaban especialmente por el bienestar de cada uno de modo que no hubo necesidad de quejas ni de refunfuño al momento de realizar cada tarea.

En la última noche se realizó un fogón lleno de juegos, actuaciones, bailes, cantos, las tres Aves Marías de cada noche y la característica alegría salesiana.

Durante el último día hubo una adoración en la cual, entre lágrimas y sonrisas, el Señor acompañado de su Madre se hizo presente en el corazón de esta singular familia. Nació en los ojos de los jóvenes un brillo divino cargado de sueños y de esperanzas.

Las sonrisas se mantuvieron incluso en la despedida, que lejos de ser amarga, fue como un darse cuenta de que éste es el lugar de los jóvenes, de que sus almas están llenas y de que están vivos y despiertos.

Esta comunidad se caracterizó por el compromiso mutuo, el cariño, el compañerismo y por supuesto la alegría. Sin embargo, hoy se nota en cada interacción que hay un sabor de boca que Dios dejó en esta convivencia y el calor del manto de nuestra Mamá bajo el cual todos los que participamos de esa experiencia, nos acurrucamos, juntos.


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